El presepe (belén napolitano) del siglo XVIII es mucho más que una representación del Nacimiento: es una obra maestra de artesanía, fruto de técnicas transmitidas durante siglos y de una extraordinaria maestría artística.

Detrás de cada pastor hay un trabajo complejo que une escultura, carpintería, sastrería y pintura, y que da vida a figuras increíblemente realistas y llenas de expresividad.

Un alma de hierro y cáñamo

Al contrario de lo que podría pensarse, el cuerpo de un pastor napolitano tradicional no es enteramente de terracota.

La estructura interna es un armazón de alambre de hierro y cáñamo que hace de verdadero esqueleto de la figura. Esta técnica permite modelar el personaje en posturas naturales, dándole movimiento y dinamismo.

La cabeza, en cambio, se modela a mano en terracota, mientras que las manos y los pies suelen tallarse en madera por artesanos especializados.

Esta combinación de materiales hace que cada figura sea resistente, ligera y fácil de colocar dentro del presepe.

Los ojos de vidrio: el detalle que da vida

Uno de los elementos más fascinantes del presepe napolitano son los ojos de vidrio pintados a mano.

Como el vidrio no puede cocerse junto con la terracota, los ojos se colocan solo después de la cocción de la cabeza. Después se fijan con estuco, que también se usa para modelar los párpados.

Es precisamente este detalle el que da a las figuras esa mirada intensa y realista que hace a los pastores napolitanos tan expresivos y reconocibles.

De la escultura al vestido

Una vez montada la figura, el pastor está listo para ser vestido.

En el presepe del siglo XVIII cada personaje llevaba ropas distintas según su papel.

Los nobles y los Reyes Magos lucían tejidos refinados como la seda y la batista, a menudo bordados con hilos dorados y decorados con piedras preciosas.

Los personajes del pueblo, en cambio, vestían ropas inspiradas en los trajes tradicionales del Reino de Nápoles, con tejidos sencillos pero cuidados hasta el último detalle.

Cada pliegue del tejido se estudiaba para reproducir el movimiento natural de la ropa y contribuir al realismo de toda la escena.

Una tradición que sigue viva

En San Gregorio Armeno, la calle de Nápoles famosa por sus talleres de belenes, estas antiguas técnicas se siguen transmitiendo de generación en generación.

Aun con la llegada de nuevos materiales y nuevas interpretaciones artísticas, el trabajo artesanal sigue siendo el corazón del presepe napolitano.

Cada figura cuenta una historia, custodia siglos de tradición y representa un patrimonio cultural único en el mundo.

El compromiso de Bottega Capuano

Desde 1840, Bottega Capuano mantiene viva la tradición del arte belenista napolitano, creando figuras y obras artesanales inspiradas en métodos transmitidos a lo largo de los siglos.

Cada creación nace de la experiencia de cinco generaciones de artesanos que todavía hoy trabajan en el corazón de San Gregorio Armeno, manteniendo vivo uno de los símbolos más auténticos de la cultura napolitana.

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